martes, 23 de abril de 2013

TRES

Aún sin entender
a qué orilla pertenezco,
si acaso el río desemboca
en las agujas de este yeso temporal,
donde el cauce es piedra,

que no se rompe siquiera
con el puñetazo del mundo
que lo despierta a uno
de su sueño predilecto,
provocando un salto exasperado
a sí mismo

y es un golpe escandaloso,
la sangre se inunda y vuelve a su cauce
y todo es recto;
lineal
       mente
                derra
                        mado

un curso irracional
donde lo natural es cortarse el cuello
por puro aburrimiento o
tajarse el ego,
construir puentes de sal
para cruzar el abismo o
                                    (en el peor de los casos)
mirarse la palma de la mano
y descubrir que el río esta ahí
                                  manso
                                            resignado
                 a las piedras,
                                    y al tiempo.

jueves, 18 de abril de 2013

DOS

La realidad nos la han puesto así
como se pone el mantel en la mesa,
sin pensarlo demasiado:
el tenedor
                                      de un lado
el cuchillo
del otro,
y así, hundirse
en el mismo barro que una vez
fue polvo y conoció el viento
ahora,
superficie lastimosa y mugrienta.

Y un día paso en rojo
me río sin sentido
a carcajadas
me doblo
me retuerzo
mi abdomen
se endurece,
¡muero de risa!
y es un funeral
de máscaras sonrientes,
y todos aplauden el gran
espectáculo:
leones saltando
                             sobre el fuego de mi cuerpo,
cenizas
como serpentinas de colores,
y todos bailan,
y son felices,
y yo canto desde una flor
                                         que no florece
y es primavera.

miércoles, 17 de abril de 2013


UNO

Quizás en otro tiempo
cuando las cosas andaban mejor.
Ahora nos queda remover la testa
con cuchara de sal
y sumergirnos
en las miserias del pensamiento.
Nos queda también
volver caminando desde las calles parisinas,
hasta el hueco profundo y pantanoso de la nada,
esa reventada que se prostituye
en las madrugadas de esta esquina,
donde el único que se detiene
es el tiempo
impúdico, desgarrador y obsoleto
que se baja los pantalones
provocando la vergüenza ajena de uno mismo,
tan quieto y detenido ante la excesiva lucidez
que a veces hasta hay que tocarse el pulso
para creer que se está vivo.

martes, 17 de julio de 2012

Tácita quietud de las cosas
que no se nombran,
verdades encriptadas
despeinan jopos intelectuales.

Mentes como jaula sin pájaro,
barrotes reprimidos,
hermético candado
                          (nunca abierto)

Shhh... ¡silencio!
¡No despertar a la bestia
horrorosa del prejuicio!

El grito espiralado
escava un agujero
que deje pasar la luz
en este gran hormiguero siniestro.

jueves, 22 de marzo de 2012

Caminamos sobre cadáveres,
sangriento rocío.
No son flores las azucenas
¿Acaso no lo ven?
¿su rostro encallecido?

Gusanos borbotando ,
caranchos carroñando los restos,
manos suplicantes
abiertas aún.

Llueve,
pero la corriente
no arrastra el pasado.
Y el sol ardiente
lo encandila
en el reflejo de los charcos.

martes, 21 de febrero de 2012

Mi madre me ha engañado.
Hoy no me reconoce el reflejo
de este espejo roto de sueños
que me da vuelta la cara.

Ella me habló

de las señales
de la luna
del agua

de los mares abiertos
del viento

que golpea la cara
y el silencio.

De los pájaros

desnudos
que se estrellan

en el sangriento espasmo
de un atardecer
destrellado.

De los días triviales

y los mágicos
del misterio de la tarde

y el fuego
que arde

en el tormento dormido,
de una ciudad

encallecida.

Me habló del perro

no de la rabia
del nido

no del árbol
de las hojas

no del otoño
de la noche

no del miedo

Y no supe latir

mi sombra
ni mirar ya,

el cielo como un niño
ni guardar recuerdo

por si acaso
volvías a pesar

del abismo.

Ella no fue madre
y hoy me hundo
con los ojos
más abiertos
en la blanca agonía

de una muerte
que no sabe ni morir.

domingo, 5 de febrero de 2012

Ella ve en el espejo

un rostro débil y vacío,

la mirada azul de los pájaros

(negros)

los barrotes de la garganta

oxidados.


Ella escucha la voz


ensordecida de la nieve

y escama su memoria

en álbumes de cera.


Ella siente el polvo del miedo

lamiendo el viento,

que ruje en la noche nublada.


Ella acaricia la mano endagada

y me suicida.