martes, 21 de febrero de 2012

Mi madre me ha engañado.
Hoy no me reconoce el reflejo
de este espejo roto de sueños
que me da vuelta la cara.

Ella me habló

de las señales
de la luna
del agua

de los mares abiertos
del viento

que golpea la cara
y el silencio.

De los pájaros

desnudos
que se estrellan

en el sangriento espasmo
de un atardecer
destrellado.

De los días triviales

y los mágicos
del misterio de la tarde

y el fuego
que arde

en el tormento dormido,
de una ciudad

encallecida.

Me habló del perro

no de la rabia
del nido

no del árbol
de las hojas

no del otoño
de la noche

no del miedo

Y no supe latir

mi sombra
ni mirar ya,

el cielo como un niño
ni guardar recuerdo

por si acaso
volvías a pesar

del abismo.

Ella no fue madre
y hoy me hundo
con los ojos
más abiertos
en la blanca agonía

de una muerte
que no sabe ni morir.

domingo, 5 de febrero de 2012

Ella ve en el espejo

un rostro débil y vacío,

la mirada azul de los pájaros

(negros)

los barrotes de la garganta

oxidados.


Ella escucha la voz


ensordecida de la nieve

y escama su memoria

en álbumes de cera.


Ella siente el polvo del miedo

lamiendo el viento,

que ruje en la noche nublada.


Ella acaricia la mano endagada

y me suicida.