Mi madre me ha engañado.
Hoy no me reconoce el reflejo
de este espejo roto de sueños
que me da vuelta la cara.
Ella me habló
de las señales
de la luna
del agua
de los mares abiertos
del viento
que golpea la cara
y el silencio.
De los pájaros
desnudos
que se estrellan
en el sangriento espasmo
de un atardecer
destrellado.
De los días triviales
y los mágicos
del misterio de la tarde
y el fuego
que arde
en el tormento dormido,
de una ciudad
encallecida.
Me habló del perro
no de la rabia
del nido
no del árbol
de las hojas
no del otoño
de la noche
no del miedo
Y no supe latir
mi sombra
ni mirar ya,
el cielo como un niño
ni guardar recuerdo
por si acaso
volvías a pesar
del abismo.
Ella no fue madre
y hoy me hundo
con los ojos
más abiertos
en la blanca agonía
de una muerte
que no sabe ni morir.
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