Caminamos sobre cadáveres,
sangriento rocío.
No son flores las azucenas
¿Acaso no lo ven?
¿su rostro encallecido?
Gusanos borbotando ,
caranchos carroñando los restos,
manos suplicantes
abiertas aún.
Llueve,
pero la corriente
no arrastra el pasado.
Y el sol ardiente
lo encandila
en el reflejo de los charcos.
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